La sociedad de “La Espada Púrpura”
La noche no fue sencilla, una vez que alcancé el estado de somnolencia las pesadillas empezaron a invadir mis sueños. Las imágenes eran confusas: veía fuego, gente corriendo, escuchaba sus gritos desde la lejanía; todas eran imágenes sueltas, sin un orden aparente, entre ellas las de un niño tirado en el suelo llorando. Cuando me acercaba hasta él no podía tocarle y me limitaba a observarlo hasta que una extraña figura enmascarada aparecía y se lo llevaba de allí.
- ¡Pom, pom, pom!¡Pom,pom, pom!
El estridente sonido que desprendía la puerta me devolvió a la realidad. Alguien estaba llamando con insistencia mientras yo me despertaba y desperezaba poco a poco. Me incorporé sobre la cama de un salto y me froté la cara con fuerza para retirar las legañas de mis ojos.
-¿Quién anda ahí?- pregunté por fin.
- Muchacho, soy Herzen, propietario de la posada, me han dicho que querías hablar conmigo- una voz fuerte y áspera sonó más allá de la puerta.
El corazón se me revolucionó y mi cuerpo se puso rápidamente en alerta. Me vestí lo más aprisa que pude y me acerqué hasta la puerta. Quité el pestillo de seguridad y la abrí, tras ella apareció la silueta de un hombre de unos cincuenta años, calvo, muy alto y delgado y con un gran tatuaje al lado del ojo derecho que le iba desde la ceja hasta el final del pómulo. El dibujo era algo abstracto, aunque parecía algo así como un ave de varias colas. Vestía una camisa morada, un pantalón negro muy estropeado y calzaba unos desgastados borceguíes de piel, también negros.
- Hola, me llamo William. Orson me dijo que usted me ayudaría- le comenté cuando nos quedamos cara a cara.
El hombre frunció el ceño, se puso la mano en la barbilla y me miró de arriba abajo como evaluándome. Continúo así unos instantes. Yo observaba la escena sin decir nada esperando la nueva intervención del posadero, la cual no tardó en llegar.
- ¿Orson dices? Mmm, si es así, eres bienvenido. Pero, ¿cómo se supone que puedo ayudarte?- me preguntó contrariado.
Le conté lo que me había dicho mi tutor, antes de que yo partiese hasta Usitania.
- Antes de separarme de él me dio estas diez monedas de oro para usted – añadí sacando el pequeño contenedor púrpura de su escondrijo en la mochila.
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- Ya veo… muy bien, no se hable más entonces. Sígueme muchacho- y tras esto se giró y me animó a seguirle moviendo la mano de atrás hacia adelante.
Bajamos las escaleras que conducían a la sala central de la posada, que aún estaba completamente vacía. Entramos dentro de la barra y Herzen apartó una vieja alfombra del suelo, de la que apareció una trampilla. Tiró de ella y la abrió, mostrando en su interior unas escaleras.
- Por aquí- me espetó mientras se posicionaba para descender por ellas.
Me apresuré a imitarle y descendí tras él. Llegamos hasta una pequeña sala a oscuras; una vez abajo el posadero se adelanto y comenzó a encender una serie de almenaras que estaban repartidas por toda la habitación. Cuando la estancia se llenó de haces rojizos centelleantes y los ojos se me acostumbraron a ellos, pude vislumbrar una mesa redonda en el centro, numerosas hojas de papel esparcidas por ella y colgadas sobre las paredes, y unos cuantos escudos y espadas apoyados junto a la mesa.
- Bienvenido al cuartel general de la sociedad secreta de la “Espada Púrpura”- fueron las palabras del posadero mientras alzaba los brazos y tomaba una fuerte bocanada de aire.
- ¿Y qué es eso?- le pregunté sorprendido.
Comenzó a explicármelo todo. La sociedad de la “Espada Púrpura” era una organización secreta compuesta por soldados y milicianos que tenía por objetivo luchar contra Morgan y Riel. Me aclaró también que aunque este aún era su principal cometido, con el paso de los años los integrantes de la sociedad se habían convertido en algo similar a mercenarios al servicio de todo aquel que hubiese sufrido alguna clase de improperio y tuviera dinero para pagarles.
Le miré asombrado. Nunca Orson, Lance o David me habían hablado sobre ella, los dos ancianos únicamente me habían comentado el mismo día de mi partida que hablara con Herzen, pero nada me habían dicho sobre sociedades secretas. ¿Una organización en contra de “El Sediento”? la verdad es que no sonaba nada mal. El posadero seguramente notó la expresión de asombro que reflejaba mi rostro ya que siguió con sus explicaciones. Me habló sobre el protocolo que había que seguir para contactar con la sociedad si se requerían sus servicios.
- Se debe acudir a “Bruma Añil” con un sobre púrpura con una carta en su interior que relate los pormenores de la misión.
- ¿Y qué tipo de misiones hacéis?- pregunté.
- De todo tipo, desde escoltar a alguien hasta atrapar ladrones o recuperar mercancías robadas- me respondió al instante.
- ¿Y que hay de Morgan?- volví a cuestionar.
- Bueno muchacho, has de entender que hace muchos años que luchamos en la sombra contra él, hemos llevado a cabo numerosos intentos para atentar contra su vida pero todos han sido en vano. Ahora mismo sólo somos cinco miembros en la sociedad y yo ya estoy muy mayor para el trabajo de campo- me explicó el polifacético mesonero.
Tras esta aclaración pasó a hablarme de estas frustradas intentonas. La mayoría las trató superficialmente; sin embargo, se detuvo en el relato de una de ellas, a la que definió como “la noche de las mil lunas”.
“Hace ya seis años, nos enteramos de que Therim iba a recibir la visita de Morgan con motivo de la celebración de un nuevo aniversario de la unión de la ciudad al reino de Riel; aunque como es obvio, nadie celebraría tal fiesta si no fuese por obligación. El caso es que, a través de uno de nuestros contactos en la ciudad, supimos que el odiado rey iba a pasar la noche allí, algo muy poco habitual en él. Así que aun sabiendo que era algo casi imposible, decidimos intentar atentar contra la vida de “El Sediento”. Llegamos hasta Therim un par de días antes que el rey, por aquel entonces éramos diez los miembros de “La Espada Púrpura”, aunque solo cuatro nos desplazamos hasta la ciudad más comercial de Ashmia: David, Herald, Lian y yo – ¿sería el David que yo conocía?- cavilé internamente a la vez que tenía un punzante presentimiento. La idea era emboscarle durante la noche, cuando pasase a ocupar el improvisado trono que siempre le colocaban en el mercado del distrito sur para que pueda disfrutar del espectáculo pirotécnico (por todos es sabido la afición del monarca a este tipo de actos). En ese momento, apostados sobre los tejados de los edificios contiguos, le regalaríamos una nube de flechas destinadas a acabar con su existencia. Como podrás deducir, nuestro plan no tuvo éxito. El principal error fue obviar que aquella noche era noche de luna llena y por lo tanto la luz iba a ser mayor. Al principio todo parecía ir bien, e incluso logramos alcanzar nuestras posiciones sin ser descubiertos; pero nuestra buena suerte duró poco. Uno de los soldados del séquito que el soberano de Riel lleva siempre consigo, divisó sobre uno de los tejados un reflejo danzante, y rápidamente se dio cuenta de que ese centelleo era la luz de la luna refractando en una de las tiras metálicas con las que el arco de tejo de Herald estaba ornamentado; ese fue nuestro fin. En un abrir y cerrar de ojos los soldados protegieron a su líder y se lanzaron a nuestra captura. Los súbditos del monarca nos cortaron el paso muy cerca de las puertas de salida de Therim y tuvimos que combatir contra ellos; el balance de este enfrentamiento fue trágico para nosotros: Herald fue asesinado y Lian apresado. David y yo conseguimos escapar hasta los “Bosques Plateados de Taumir”, donde sabíamos que Morgan no se atrevería a entrar. Un par de días después regresamos derrotados a Usitania”.
- El David de tu historia no será el famoso guerrero de Znora, ¿verdad?- le pregunté, aunque podía intuir la respuesta.
- Supongo que sí, pues aunque no conozco muy bien esa fama que argumentas, realmente era un guerrero de Znora, ¿le conoces?
Definitivamente debía de ser el mismo, ¿pero cómo era posible? Según me contó el propio David, tras escaparse de las dependencias del palacio de Morgan había pasado un corto periodo de tiempo en Usitania y después se había recluido en esa cabaña perdida entre la inmensidad de Ashmia. ¿Puede que mientras estuviese en la ciudad inconquistable se uniera a la sociedad de “La espada Púrpura”? tal vez, aunque era algo que necesitaba aclarar. Miré al posadero, que estaba haciendo madejas con los dedos de las manos mientras miraba pensativo los papeles esparcidos por la mesa.
- Herzen –alcé la voz para captar su atención- ¿Cómo se unió David a la sociedad?
- ¿Se unió? David no se unió a la “Espada Púrpura”, David creó a la “Espada Púrpura”- me contestó con expresión ceñuda.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Cuando David nos rescato a mí, a Herald, a Lian y a Lance de los calabozos de Riel escapamos hasta Usitania y decidimos crear la organización, de la que tu amigo se erigió como cabecilla.
¿Había dicho Lance? ¿También él? No era posible, ¿el viejo Cuentacuentos un confabulador contra Morgan? ¿Por eso poseía ese extraño escudo púrpura? Sentí un cosquilleo a la altura del estómago mientras mi cerebro maquinaba e intentaba unir las piezas del complejo rompecabezas. Algo mohíno, teniendo en cuenta que estaba totalmente confuso, acerté a preguntar:
- ¿Lance, el Cuentacuentos?
- ¿También le conoces?- me cuestionó Herzen con una mirada inquisitiva.
Asentí con la cabeza.
- Lance era uno de nuestros mejores espías –prosiguió con su exposición-. Su condición de trovador le permitía pasar desapercibido allí por donde fuese, incluso hubo una vez que estuvo en el reino de Riel. Sus informaciones eran tremendamente valiosas para todos los resistentes.
- Ah, ¿qué hay más?- le interrumpí, sorprendido por el hecho de que hablase en plural.
- Muchos más. En cada ciudad de Ashmia e incluso en el resto de continentes que forman el mundo existen grupos que van en contra del rey Morgan. Algunos por intereses propios y otros, como nosotros, por el bien común y por la paz; tan tremendamente anhelada por todos los habitantes del continente- me contestó con cierta resignación ante mi ignorancia.
- ¿Existe una unión entre todos los resistentes?- pregunté esperando escuchar una respuesta afirmativa.
- No exactamente. Verás, aunque todos estamos en el mismo bando no todos luchamos por lo mismo. Más allá de nosotros existen dos organizaciones importantes: los “Solitarios” y los “Incólumes”. Los primeros se refugian en las Islas Solitarias (de ahí su nombre), muy al sur de Igardi-Nuia, y son parte del grupo de dirigentes de los piratas. Los “Incólumes”, son el grupo más antiguo de todos, tienen su escondite en Malvuu y cuentan con más de treinta hombres preparados para la guerra. Existen otros grupos, aunque poco numerosos, repartidos por Osfal, Therim, Calafar o el reino de Meda.
- ¿Por qué luchan aquellos que no lo hacen por la paz?- repliqué algo apesadumbrado por la negativa.
- El reino de Meda por ejemplo, lo hace por dinero. Como sabrás, cuando “El Sediento” consiguió el dominio de Ashmia impuso unos impuestos arancelarios desorbitados; todo producto extranjero que llegaba hasta la aduana debía de pagar una tarifa, que a veces, era incluso más alta que el precio que dicho producto iba a alcanzar en el mercado. Este hecho hizo que el comercio de pieles por parte de Meda se resintiese hasta tal punto que dejo de entrar dicho producto en Ashmia; lo que frenó el crecimiento económico del reino más importante de Veldert. Desde entonces Meda ha prestado apoyo a la resistencia, sobre todo porque el mercado de la piel es una de sus principales fuentes de ingresos. “Los Solitarios”, en gran medida, también lo hacen por recuperar el comercio. Hasta que Morgan les declaró la guerra, los piratas se dedicaban por encima de todo al comercio (aunque nunca hayan sido de fiar), siendo Malvuu y Therim dos enclaves importantes para ellos. Ahora, se dedican casi exclusivamente a secuestrar barcos y saquearlos- me justificó Herzen.
- ¿No crees que esta desunión favorece a Riel?- inquirí.
- Sin duda alguna, pero nada se puede hacer al respecto…- me dijo con un tono de voz pesaroso.
- Si he de serte sincero…creo que no entiendo nada.
- Sé que es complicado de entender, pero tras tantos años de lucha uno tiende a resignarse- me dijo Herzen encogiéndose de hombros.
- ¿Por qué estabais tú y Lance prisioneros? Si me he enterado bien, no os conocíais hasta que David os liberó- cambié de tema intuyendo que nada mas iba a averiguar sobre la desunión de los grupos resistentes.
- Según me contó él mismo, aunque siempre fue un poco fanfarrón –una media sonrisa se dibujó en los labios del posadero al recordar al otrora trovador-, le apresaron por cantar canciones contra Morgan.
- ¿Qué tipo de canciones?
- “Si las lanzas y flechas hablasen,
De su amo y señor,
Dirían que hasta una delicada princesa,
Las sabría lanzar mejor”.
Herzen entonó con su áspera voz, similar al ruido que produce el lijado de la madera temprana, una de las canciones que habían llevado al viejo Cuentacuentos hasta los calabozos del palacio de Riel. Un crujido sordo, como el chirrido de una puerta que lleva años sin abrirse, se oyó de pronto sobre nuestras cabezas. Provenía de la trampilla, alguien intentaba abrirla. Me fijé en Herzen, que había acercado su mano derecha a una larga espada de hoja plana y rojiza mientras miraba con atención a la pequeña puertecilla de madera. Sin apenas darnos tiempo de asustarnos, Dave dio un pequeño salto desde el tramo intermedio de la escalera y cayó enfrente de nosotros; justo después, se encorvó ligeramente y nos saludó haciendo aspavientos con la mano.
- Veo que ya os habéis conocidó- fueron las primeras palabras que salieron de su boca.
- ¿De qué estás hablando?- le cuestionó, sorprendido, Herzen.
- Te habló de que el chico y yo ya nos conocemos. Te iba a hablar hoy de él, creo que seria un buen miembro de “La Espada Púrpura”- le explicó mientras me guiñaba un ojo.
- ¿O sea que ya os conocéis? fantástico, así no son necesarias las presentaciones- dijo con tono jovial Herzen-. Dave hace apenas una semana que se unió a nuestra organización pero cuantos más seamos, más opciones tendremos de vencer a Morgan- me dijo.
- ¿Y dónde están los otros?- pregunté recordando de golpe que eran cinco los miembros de la organización.
- Ahora mismo están en una misión, mañana al mediodía regresarán, será el momento de las presentaciones. Por hoy creo que es más que suficiente, tómate el día libre para que puedas ver la ciudad. Mañana a la misma hora llamaré a tu puerta y nos reuniremos aquí. Va por ti también Dave- Herzen levantó la voz mientras nos miraba con gesto serio.
El de Orés asintió con la cabeza, se despidió y se marchó. Lo mismo hice yo de Herzen y subí por la trampilla hasta el bar, desde el que accedí a la calle. Aún era temprano, el viento era frío y una ligera bruma blanquecina abarrotaba la atmósfera de Usitania. Respiré hondo y me dispuse a adentrarme en las serpenteantes calles de la ciudad.